La guerra estalla
A las once de la mañana del martes 28 de julio de
1914, el ministro de Exteriores austrohúngaro, el conde Leopoldo Berchtold,
comunicaba la declaración de guerra al Gobierno serbio por medio de un
telegrama. Había pasado exactamente un mes desde el atentado de Sarajevo, en el
que fue asesinado el archiduque Francisco Fernando, heredero de la corona de
Austria-Hungría, junto a su mujer, la archiduquesa Sofía de Hohenberg. Los
autores del atentado, jóvenes nacionalistas serbios, apoyados por cualificados
miembros de los servicios de inteligencia de aquel país, encendieron la mecha
de un conflicto que sería conocido como la Gran Guerra, por sus costes humanos
y la implicación de casi una veintena de los principales países del mundo.
Durante aquel mes del tórrido verano de 1914, la
diplomacia europea no pudo evitar la vertiginosa carrera hacia la guerra, una
opción sorprendentemente admitida por todos como más aceptable que la pérdida
del status de gran potencia si se claudicaba ante las demandas de los países
rivales. Durante aquel infructífero mes, en que la mayoría de europeos disfrutaban
del estío, ajenos e incrédulos al infausto devenir, políticos y militares
tejieron alianzas, plantearon exigencias inaceptables y condujeron
insensatamente a sus países a la catástrofe.
El 5 de julio, el emperador de Austria-Hungría,
Francisco José, decidido a invadir Serbia y consciente de que Rusia apoyaría a
sus hermanos eslavos, pidió al káiser Guillermo II la confirmación de su alianza ante la
probable intervención rusa. Un día más tarde, Berlín garantizó a su aliado
austrohúngaro que apoyaría sin reservas
cualquier acción contra Serbia.
El 15 de julio, el ministro de Exteriores alemán,
Gottlieb von Jagow, rechazó una oferta de mediación de su homólogo británico,
Edward Grey, que días antes había solicitado moderación a Rusia, pero Moscú
hizo saber que no toleraría ninguna agresión a la integridad de Serbia.
Finalmente, el 23 de julio Austria-Hungría dio un
ultimátum inaceptable a las autoridades serbias. Dos días más tarde, el imperio
austrohúngaro consideró insatisfactorias las concesiones parciales de los
serbios y ambos países decretaron la movilización.
Tras la declaración de guerra austrohúngara, su
artillería bombardeó Belgrado durante la noche del 29 de julio. Los rusos se
movilizaron dos días después. Alemania, satisfecha de no ser la primera en
iniciar las hostilidades, declaró la guerra a Rusia el 1 de agosto y a Francia
el día 3. Sus tropas ocuparon el neutral Luxemburgo el día 2 y dos días después
invadieron Bélgica. Gran Bretaña declaró la guerra a Berlín el 4 de agosto tras
la negativa alemana a respetar la neutralidad belga. En una semana, Europa se
había convertido en un inmenso campo de batalla que enfrentaba a los países de
la triple Entente (Francia, Rusia, Gran Bretaña) contra los de la Triple
Alianza (Austria-Hungría, Alemania y el imperio otomano).
Durante años se ha discutido sobre las causas de
la guerra y como no se pudo evitar la escalada que condujo a ella. Algunos
analistas han defendido la tesis de que fue un conjunto de circunstancias
desafortunadas que nadie previó, pero los historiadores contemporáneos más
reputados son categóricos al afirmar que para la mayoría de las potencias
europeas la guerra era un instrumento político para conseguir sus objetivos.
Todos preferían que no hubiera guerra, pero no a cualquier precio.
Fuente. http://www.lavanguardia.com/hemeroteca/20140728/54412443093/primera-guerra-mundial-guerras-imperio-austrohungaro-alemania-triple-entente-triple-alianza.html
Fuente. http://www.lavanguardia.com/hemeroteca/20140728/54412443093/primera-guerra-mundial-guerras-imperio-austrohungaro-alemania-triple-entente-triple-alianza.html

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